¿Y ahora qué?, por Teodoro Petkoff

Hoy publicamos el informe final del Centro Carter sobre la auditoría realizada la semana pasada (página 2) . De acuerdo con este informe, la verificación adelantada confirma los resultados presentados por el CNE en la madrugada del lunes 16. El informe de la OEA seguramente coincidirá con el del Centro Carter. Este es un aspecto que debe ser cuidadosamente sopesado por la CD, porque aunque en modo alguno tendríamos que considerar infalibles a ninguna de las dos organizaciones, el aval que hasta el domingo les daban los sectores de oposición no puede de pronto trocarse en una descalificación generalizada que impida leerlos de manera desprejuiciada. El estado de decepción, frustración y desánimo de mucha gente es comprensible y merece toda consideración, pero debe hacerse un esfuerzo por abordar la realidad que tan rudamente ha golpeado a medio país desde un ángulo menos emocional y más reflexivo, atendiendo a los hechos más que a la idea preconcebida que se tiene de ellos.
En todo caso, la CD ha hecho una denuncia de “fraude” exactamente con el mismo derecho que Chávez creyó tener para gritar “megafraude” cuando el “reafirmazo”. Entonces, el CNE realizó una auditoría implacable sobre las firmas, según el criterio de “duda razonable” que esgrimió Jorge Rodríguez. Con el RR se presentó también una “duda razonable”, sobre todo, como se confirmó después, porque la auditoría que debió hacerse una vez finalizada la votación, se realizó en forma incompleta, según informara el propio Gaviria y ahora lo reconfirma el Centro Carter en su informe. Ya esto era más que suficiente para hacer una nueva verificación, tal como pidió la CD. Esa verificación se hizo pero, lamentablemente, con la ausencia de la CD, aunque sí con la asistencia de los observadores internacionales. El informe de estos merece atención y no debería ser desvalorizado.
Conocidos oficialmente los resultados de los reparos, Chávez acató el veredicto (según dicen debido, entre otras cosas, a la firme posición del ahora “viejo vendido” de Carter) y sin discutirlo ni impugnarlo, esa misma noche galvanizó a sus partidarios y se lanzó a la campaña. La CD, por el contrario, ha procedido de un modo que compromete sus propias posibilidades electorales en los comicios regionales próximos. Al empantanarse en la denuncia del fraude, sin otra política que ella, corre el riesgo de remachar un clima de abstención masiva en esos procesos regionales y con ello perder posiciones que en sana lógica no debería perder. Basta con examinar los resultados del Area Metropolitana, donde ganó el Sí (ver cuadro en portada) , para ver que si la gente sale a votar, Juan Barreto no será el alcalde metropolitano. Un examen de los resultados estado por estado, revela que ese 40% de votos opositores constituye un sólido punto de apoyo, que sin duda se incrementará, para defender gobernaciones y alcaldías que hoy dirige y ganar otras, porque en esas elecciones los candidatos de Chávez no son lo mismo que él. Muchos de sus gobernadores han sido deficientes y varios de sus candidatos son peores.
Derrotarlos no es imposible, pero a condición de que sus opositores no se rindan ni se dejen ganar por la desesperanza. Puesto que sustanciar las denuncias del fraude puede tomar un tiempo, déjese eso en manos de técnicos y especialistas, y láncese la CD a la campaña regional antes de que la peligrosa atmósfera abstencionista termine de cristalizar, con el resultado de que Chávez se hará con casi todas, si no todas, las gobernaciones y alcaldías del país.