2.669% de inflación barrió al Bs fuerte

Autor: Armando J. Pernía
Después de más de dos años de presión constante, sobre todo del sector bancario, por fin parece que el Gobierno accedió a reconocer lo obvio, que la inflación se comió la reconversión monetaria de 2008, y hay que emitir billetes de mayor denominación.
La nueva familia de billetes que, según informaciones todavía extraoficiales, pondría en circulación el Banco Central de Venezuela (BCV) incluye piezas de 500, 1.000, 2.000, 5.000, 10.000 y 20.000 bolívares.
Fuentes del sector bancario indicaron a TalCual que no está claro que se emitan los billetes de 5.000, 10.000 y 20.000 bolívares, porque hay una negativa cerrada en el Ejecutivo a aceptar esta decisión, aunque la propuesta proviene del ente emisor.
No obstante, la opinión más consensual entre los economistas es que sin billete de 10.000 bolívares por lo menos- el ajuste del cono monetario será ineficaz en cuestión de meses, porque la inflación subyacente que registra la economía venezolana supera ya 1.000% anualizada.
El manejo de efectivo se ha convertido en una calamidad pública y las redes de cajeros automáticos son incapaces de surtir la demanda de dinero que se ha cuadriplicado en el último año, debido a que la inflación evapora literalmente las existencias de billetes.
Para el comercio, la situación es dramática, porque además la banca no está en capacidad de absorber la demanda de puntos de venta, que ha crecido sobre 150% en el último año, según reportan fuentes bancarias, porque no cuenta con las divisas necesarias para importar equipos ni repuestos.
Expendedores de vegetales y hortalizas en el Mercado Municipal de Chacao explicaron que pierden por lo menos tres de cada 10 clientes, porque no cargan suficientemente efectivo para pagar los precios de sus productos.
«Si una galleta Susy cuesta 650 bolívares, y viene para 1.000 antes de diciembre. Hay que cargar una mochila de real para hacer un mercado de verduras, si el negocio no tiene punto de venta», dice Carmen Falcón, comerciante del Mercado de Chacao.
En realidad, esta distorsión afecta a toda la economía y en todas sus escalas, aunque prácticamente 100% de las grandes transacciones en las empresas se realiza vía servicios de banca electrónica.
COSMÉTICA NECESARIA
Cuando se hizo la reconversión monetaria que dio origen al ya cristianamente desaparecido bolívar «fuerte», sus promotores, Armando León entonces director del BCV- y Rodrigo Cabezas ministro de Finanzas- juraron que pasarían no menos de dos décadas antes que se tuviera que emitir un billete de 200 bolívares.
Esto hay que recordarlo, porque posiblemente el aparato gubernamental de propaganda volverá a presentar la emisión de nuevos billetes como un mecanismo de reducción de la inflación, cuando se trata simplemente de una decisión que reconoce e intenta asumir las distorsiones que crea el incontrolable aumento de los precios en la circulación de efectivo.
Una decisión necesaria, pero absolutamente cosmética como estrategia antiinflacionaria.
De hecho, el economista César Aristimuño, presidente de la consultora Aristimuño, Herrera & Asociados y editor del portal financiero, www.bancaynegocios.com, señala que «con billetes de 500 y 1.000 bolívares en camino, además de las esperadas nuevas especies monetarias de 5.000, 10.000 y 20.000 bolívares, por un lado se aliviarán parte de las cargas que enfrenta el sector financiero, traslado y reposición de efectivo en redes de agencias y cajeros automáticos.
Pero también se volverá prácticamente al antiguo cono monetario previo a la reconversión de 2008, lo que a todas luces es un retroceso en el poder adquisitivo de la población y puede convertirse en el preámbulo de un episodio hiperinflacionario».
La reciente escalada del tipo de cambio paralelo a niveles cercanos a 2.000 bolívares por dólar es un síntoma de que han crecido las presiones inflacionarias.
Las proyecciones más recientes señalan que es posible que la inflación anual, en 2017, se ubique en alrededor de 1.200%, con una nueva contracción del PIB que podría oscilar entre -4% y -5%.
Este escenario apunta la idea de que la actual estructura del cono monetario es insostenible, pero aún más insostenible será la pérdida del poder adquisitivo de los ciudadanos.
LLEGAR HASTA AQUÍ
Las razones por las cuales es indispensable la emisión de billetes de mayor denominación son obvias, pero conviene recordar por qué se ha llegado a este punto.
Según los cálculos del economista Ricardo Villasmil, la inflación mensual en Venezuela está creciendo a una tasa cercana a 20%, una situación absolutamente inédita en la historia del país.
Esto significa que las variaciones de precios se han acelerado de manera dramática en el último año. En realidad, los costos al detal de los alimentos, por ejemplo, se duplican en una media de tres semanas.
Leonardo Buniak, que calcula el aumento de los precios a una tasa más conservadora de 18% al mes, precisa que, por ejemplo, el impacto sobre el sistema financiero es muy grave, porque a pesar que el crecimiento de la cartera de crédito ha superado una media de 50%, si se le aplica un ajuste por inflación, la caída ha sido superior a 30%, en lo que va de año.
Según el economista Jesús Casique, presidente de la consultora financiera Capital Market Finance, uno de los detonantes más poderosos de la inflación es la impresión constante de dinero inorgánico, derivada del financiamiento que el BCV sigue otorgando a empresas públicas, especialmente a Petróleos de Venezuela (Pdvsa).
A octubre pasado, el emisor había otorgado a Pdvsa un financiamiento acumulado sin respaldo por el orden de 320.946 millones de dólares, equivalente a casi 30 veces el promedio de las reservas internacionales, que ronda los 10.000 millones de dólares.
El crecimiento de la base monetaria ha sido constante, a pesar que en el último año, el Gobierno, presionado por los bajos precios del petróleo, ha venido controlando el gasto público y aplicando un duro torniquete a las importaciones, que es la causa real no estructural, porque ahí entra el problema del modelo- de la escasez crónica que ya padece la población venezolana.
El mismo Casique estima que la inflación acumulada entre 2008 y 2015 fue de 2.257%. Si se asume como válido el indicador inflacionario de la consultora Ecoanalítica, con base en estudios propios, de 412% acumulado hasta octubre pasado, se concluye que el bolívar «fuerte» fue pulverizado por un aumento de precios de 2.669%, entre 2008 y octubre de 2016.
Supuestamente, los nuevos billetes llegarán a mediados de diciembre. La banca espera con ansias, porque los costos asociados al manejo y suministro de efectivo a su red de agencias han aumentado de manera exponencial.
Por supuesto, habrá que ver la estructura definitiva de ese nuevo cono monetario para comprobar las magnitudes inflacionarias reales que maneja el BCV, que no publica cifras oficiales sobre el comportamiento de los precios desde diciembre pasado.
Al final, la decisión obedecerá menos a criterios técnicos que a cálculos políticos, que son determinantes, porque el Gobierno no podrá escapar indefinidamente de alguna cita electoral. Sin duda, la existencia de billetes de 10.000 o 20.000 bolívares, si se produce, significará la mejor prueba de que la revolución ha perdido de calle la «guerra económica».
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