Megasis y la conquista alimentaria persa, por Miro Popić

Twitter: @miropopiceditor
La cocina persa dominó durante unos mil años lo que se comía en los predios euroasiáticos desde el 500 a.C. cuando Ciro, autodenominado rey de reyes, se estableció en las planicies de Mesopotamia y conquistó el territorio que iba desde Egipto hasta la India gobernando a más de 70 pueblos diferentes con distintos reyes, idiomas y dioses.
Lo hizo a punta de, además de armas y soldados, trigo y cebada en abundancia para alimentar a sus tropas y funcionarios y dejar lo suficiente para que los agricultores pudieran seguir sembrando y viviendo.
Esta cocina imperial fue una de las tantas que se formaron a partir de granos, obedeciendo a una filosofía culinaria que relacionaba la sociedad con el mundo natural y el sobrenatural y que, al final, terminaba siendo adoptada como la cocina de un Estado. Esa cocina exitosa políticamente terminó siendo emulada por sus vecinos, generando cambios en el comercio y la agricultura, superando fronteras administrativas y geográficas.
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“Las cocinas más ampliamente consumidas han sido, desde el origen de los estados, las de las unidades políticas más grandes y poderosas. Y estas, a lo largo de los últimos 4.000 años, han sido imperios”, afirma Rachel Laudan en su revolucionario libro Gastronomía e Imperio, donde introduce un nuevo enfoque para estudiar la historia de lo que hemos comido.
Para Laudan, la filosofía culinaria original parte de la relación del hombre con los dioses, los alimentos aportados, las instrucciones para prepararlos y los sacrificios para agradecerles. En segundo lugar el principio jerárquico que determina la ingesta según los rangos de cada quien y el derecho a merecerlos. Y, tercero, la teoría del cosmos culinario en la que la preparación de los alimentos es parte de un proceso integral fundamental.
Las cocinas teocráticas comenzaron a imponerse a partir del siglo III eliminando los sacrificios y la cocina imperial persa dio paso a la cocina islámica que impuso la filosofía culinaria musulmana, estimulando el pan de trigo leudado, los guisos de carne aromatizados con especies y el azúcar.
Esta cocina se expandió hasta el norte de África y el sur de España y mucho de ella nos llegó con la conquista hispana a partir de 1492 y ciertos platos supuestamente de cocina española.
¿Qué tiene que ver todo este discurso culinario con nosotros y lo que hoy comemos?
Los persas de ayer son los actuales iraníes, aunque lucen bastante mermados en comparación con lo que Darío I, sucesor de Ciro, fue logrando con sus conquistas. Faltaría espacio para contar aquí la fastuosidad y abundancia de la cocina desarrollada por los persas originarios para establecer legitimidad ante los pueblos conquistados, las mejoras en el suministro de alimentos, los inventos agrícolas, las campañas de aprovisionamiento de los ejércitos y ciudades y los grandes banquetes del rey para captar la simpatía de los nuevos súbditos.
Si los iraníes creen que con una taguara como el automercado Megasis –en el que ni caviar tienen– van a conquistar a este pueblo de comedores de arepas, están muy equivocados. Nuestra dignidad alimentaria es a prueba de misiles, por más muertos de hambre que parezcamos.
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