Ni pacto de Punto Fijo, ni pacto de Guaidó, por Reinaldo J. Aguilera R.

Twitter: @raguilera68/@AnalisisPE
Con el tiempo transcurriendo y la crisis agravándose cada vez más, ninguna solución parece ser posible para los venezolanos, cuya disconformidad sobrepasa el poder de dar chance a cualquier otra posibilidad, que quizás logre la transición tan necesitada.
En días recientes, Juan Guaidó efectuó un llamado a sectores de la vida nacional, para adelantar un “Pacto Unitario”, que logre el tan ansiado cambio que muchos esperan, hecho que nos trasladó a lo sucedido en la quinta “Punto Fijo”, aquel 31 de octubre de 1958, salvando las respectivas distancias; lamentablemente, las generaciones actuales sean o no actores políticos, se refieren al «puntofijismo» de manera peyorativa, sin evaluar que dicho Pacto, funcionó como un mecanismo que permitió la estabilización del sistema político venezolano por espacio de cuarenta años.
Tal vez la incorporación de ciudadanos a los que muchos consideran los mismos de siempre, genera desconfianza en el proceso que urge realizarse; el padre José Virtuoso, rector de la Universidad Católica Andrés Bello, el exalcalde del municipio Baruta Gerardo Blyde, el embajador ante la OEA Gustavo Tarre Briceño, Oscar López, David Smolansky y la abogada Thays Peñalver, se encargarían de articular ante la sociedad civil, partidos políticos, venezolanos en el exilio e intelectuales y academicos venezolanos, las propuestas factibles; éstas fueron las designaciones efectuadas por Guaidó y de las cuales la abogada Peñalver declinó casi de inmediato, por razones personales según informó.
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Quizás, así como a Maduro le persigue el estigma de un desastre en cuanto a la administración de los asuntos públicos se refiere, a Guaidó también se le destaca la llamada “Opacidad” en todo lo que ha sido el manejo de los recursos y apoyos de entes internacionales, donaciones que no se ven, recursos que no se observan con claridad a dónde van y el mantenimiento de una burocracia de funcionarios en el exterior que viven muy bien, en contraposición a los millones que viven mal en Venezuela, ese es un asunto que parece se niegan a corregir dentro de las filas de lo que se ha llamado el “Gobierno Interino”, por lo tanto y a nivel de sana sugerencia, deben hacerse ajustes y así lograr el clima necesario para avanzar en lo que ya ha pasado a ser urgente en el caso Venezuela.
Una parte de la responsabilidad de las elevadas cuotas de insatisfacción que hemos alcanzado en la Venezuela del siglo XXI, recae en la sociedad misma, quién de manera tardía se involucró en los asuntos que le afectaban, el: “Yo no me meto en Política” era frecuente escucharlo, hasta que les tocó, también si lugar a dudas, es muy probable que se haya generado a causa de los últimos 22 años de mal gobierno que vivimos, pero por una parte, también una cuota de ello la tienen, las redes y noticieros nos bombardean con noticias generalmente negativas respecto a lo que nos ocurre.
Titulares que resaltan los estragos de la crisis, el desempleo y las injusticias, así, vivimos en una época en la que, en teoría, todo es posible, menos en nuestro país, sin embargo, en la práctica, solo una pequeña minoría logra alcanzar esos sueños, en unos casos dejando atrás todo lo querido, familia, amigos y hasta una vida, ese contraste tan grande, entre las posibilidades casi infinitas y una realidad anónima, puede generar un profundo sentimiento de insatisfacción crónica que trasladado al aspecto político y social tiene estancado cualquier avance que tal vez nos haga salir de la oscura etapa en la que nos encontramos, ojalá me equivoque.
Lo cierto es que se necesita llegar a un punto de equilibrio, que, aunque no sea el óptimo, será el punto de partida, incluso dejando de escuchar a muchas voces para poder buscar el enfoque necesario.
Como necesario es también el dejar el cogollismo de oposición, dando pie a que nuevos actores intervengan y aporten a lo que ya para millones es más de lo mismo, lo que acentúa el clima de incertidumbre, caos, amargura y crisis, así de simple y sencillo.
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