¿Qué aprender de las economías competitivas?, por David Somoza Mosquera

Singapur, conocida como «La perla de Asia», es uno de los mayores centros financieros del mundo y, además, se encuentra entre los 10 países más ricos. Así que no resultó sorpresivo que liderara, por segundo año consecutivo, el Anuario Mundial de Competitividad, en su edición 2020.
Detrás de su éxito está su sólido desempeño económico, debido a la implementación de acertadas medidas en comercio internacional e inversión, empleo y mercado laboral. La estabilidad de su sistema educativo y de su infraestructura tecnológica también juega un papel determinante.
Detrás, y conformando el Top 5 de las economías más competitivas, se ubican Dinamarca, Suiza, los Países Bajos y Hong Kong. Estas naciones pasaron con creces la medición que hiciera el Centro de Competitividad Mundial del Instituto para el Desarrollo Gerencial International (IMD, por sus siglas en inglés), con sede en la ciudad de Lausanna, Suiza.
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El ranking, presentado el 16 de junio, evalúa 63 economías industrializadas y emergentes, tomando en cuenta más de 300 criterios, agrupados en cuatro “Factores de Competitividad”: desempeño económico, eficiencia gubernamental, eficiencia empresarial e infraestructura.
Los datos se obtuvieron de organizaciones internacionales y nacionales, institutos privados y de una Encuesta de Opinión Ejecutiva, en la que líderes empresariales compartieron su percepción sobre los factores claves de sus economías.
De una lista de 15 indicadores, los consultados seleccionaron los cinco que consideraban cruciales. El mayor número de respuestas estuvo dirigido hacia: actitud positiva y abierta (63,4%), relaciones laborales efectivas (61,0%), mano de obra calificada (58,5%), alto nivel de educación (56,1%) y costos de competitividad (48,8%).
Los resultados son reveladores y, para mí, también evidencian el rol de las empresas en las economías. No basta con coordinar, dirigir y controlar el proceso de producción de bienes y servicios, uno de los más grandes aportes de las compañías es contribuir al crecimiento económico mediante la generación de riqueza.
Así que las economías competitivas requieren de empresas competitivas que se distingan por su eficiencia (productividad y control de costos), calidad (confiabilidad, durabilidad y estética del producto), innovación (diferenciación, agilidad y flexibilidad) y sustentabilidad (producción limpia).
No hay dudas de que el éxito de un negocio radica en la competitividad. Entonces, ¿qué aprender de las economías competitivas? Empezando por Singapur, pues mucho…