Todavía se llama Hugo, por Teodoro Petkoff

Por fin Chávez recordó la primera y la menos atendida de sus promesas: la de los niños de la calle. La hizo la misma noche de su triunfo electoral, el 6 de diciembre de 1998. El domingo pasado se le prendió el bombillo, admitió que tiene pendiente esa deuda y lanzó otro programa social: la misión Negra Hipólita, con la cual, según este desaforado vendedor de ilusiones, ahora sí se hará lo que se dejó de hacer durante más de seis años, para atender la dramática situación de miles de niños abandonados, sin hogar, sin escuela y con un futuro aún peor que su presente. Por supuesto, fiel a sí mismo, ni una señal de autocrítica, ni una reflexión acerca de las causas del tremendo fracaso que ha sido su oferta de rescatar a quienes llamó “niños de la patria”, ni una palabra de explicación. Sin embargo, pese a todo, no se puede sino desear que esta vez tenga éxito.
No obstante, de una persona que prometió quitarse el nombre si “en tres meses” no había resuelto el problema, habría podido esperarse que esa tarea iba a ser su primera prioridad y no que tardaría seis años y medio en acordarse de ella. En este sentido, cabía esperar que verificaría cuidadosa y estrechamente las labores del Consejo Nacional de Derechos del Niño y del Adolescente. No ha sido así. Un informe de la Contraloría General de la República, que TalCual comentó ayer, revela que más del 70% del presupuesto en los años 2002, 2003 y 2004 fue asignado a gastos de personal y de funcionamiento.
¡Y qué funcionamiento! Gastos en agasajos y eventos sin aprobación de la máxima autoridad, consumos de servicios telefónicos celulares no justificados, falta de manuales de funcionamiento, de compra y documentación, de roles y de contabilidad. Sesenta millones de bolívares en viajes al extranjero “sin que se evidenciara la invitación de organizaciones privadas o públicas, ni acto motivado mediante el cual la máxima autoridad del Consejo aprobara dichos gastos, así como la documentación que los justifique” (Clodosbaldo dixit). Doscientos noventa millones en viáticos para viajes al interior que “no cuentan con suficiente documentación que los justifique” (dice Clodo). Más de 400 millones pagados a supuestos “consejeros” de la institución, que la Contraloría no justifica porque tales “consejeros” deben ser ad honorem. Los pagos “se realizaron al margen de las previsiones legales que regulan el funcionamiento del Consejo” (añade la Contraloría, que, no se sabe cómo, resucitó, quizás porque es una institución “menor” el objeto de sus investigaciones).
¡Cómo no iba a ser un fiasco la solución del drama de los niños de la calle! Ni Chávez se ocupó del asunto ni lo hizo el Consejo del Niño y del Adolescente. Ojalá, por el bien de estos niños, que a la “Negra Hipólita” no le espere un destino semejante.
Ojalá pueda ser en verdad nodriza de tantos niños victimizados por la miseria —si es que por una vez Chávez alcanzara a cumplir con alguna de sus promesas.