Vamos a echarle bolas, por Teodoro Petkoff

La Coordinadora Democrática decidió echarle pichón a los reparos. Tomó la decisión correcta y lo hizo mediante un debate democrático, en el cual sus integrantes, una vez más y contra todos los pronósticos, pudieron procesar sus divergencias sin que se desarbolara esta instancia enrevesada y complicada que articula hoy los esfuerzos de las organizaciones políticas de la oposición. Habría que comenzar por desmontar hoy el argumento especioso de que la CD “negociaba las firmas”. La CD no “negoció” firmas. Cada quien es dueño de la suya y tanto si quiere reparar como si no quiere, nadie puede obligarlo a hacer una u otra cosa. La CD negoció, sin comillas, la construcción de un mecanismo político que permitiera dar salida al peligroso impasse en que se habría encontrado el país si el RR hubiera sido bloqueado de plano. La CD negoció porque el chavismo, a través de sus representantes en el CNE, se vio obligado a buscar acuerdos y mostró disposición a ello porque la alternativa brutalmente antidemocrática le resultaba peor.
El resultado de las conversaciones mantiene viva la opción referendaria. Haberlas rechazado, en nombre de cualquiera de esas insensateces que iban desde retirarse del Parlamento, del TSJ, de gobernaciones, alcaldías y concejos municipales, etc, hasta solicitar de la Sala Electoral que “hiciera cumplir su sentencia”, habría sido, lisa y llanamente, perder por forfait. La CD ha logrado construir un espacio para adelantar un nuevo round de lucha democrática —la única que tiene sostenibilidad y sentido en esta Venezuela polarizada y preñada de violencia.
Hay que tenerlo claro: ni el chavismo podía impedir de plano el RR, ni la oposición podía obligar por la fuerza la celebración del RR. La única opción, válida para ambos sectores, era la de sentarse a la mesa de negociación para fabricar una solución política, que, obviamente, aun no siendo completamente satisfactoria para las dos partes, permite marchar hacia la estación del RR. No tenemos ninguna duda de que en 1 millón 200 mil “reparantes” sobran las firmas que hacen falta para completar los 2,4 millones necesarios a fin de convocar el RR, a partir de 1 millón 900 mil ya validadas.
Esto hay que asumirlo como la enorme victoria política que es. Es un nuevo episodio de este inevitablemente prolongado extrainning que es el RR. Tampoco será cosa de coser y cantar.
El camino es culebrero y habrá que enfrentar seguramente otras emboscadas. Pero así como hemos llegado hasta aquí, venciendo la tentación de la pateadura de la mesa, que el gobierno ha tenido siempre en la punta de la bota, ahora hay que echarle bolas a este reto. A esta batalla no se puede ir “con el pañuelo en la nariz” ni rodeando de alambre de púas el proceso, ni vergonzantemente y como excusándose de haber transgredido algún valor moral. Nada de eso es cierto. Será necesario un enorme esfuerzo de organización, motivación y movilización y hay que asumirlo con determinación y entusiasmo. No es un camino fácil, pero es el camino.