Y después de la democracia, ¿qué tendremos?, por Luis Ernesto Aparicio M.

Twitter: @aparicioluis
En el transcurso del mes de abril y lo que llevamos de mayo, muchas situaciones políticas han mostrado una aproximación a lo que, creemos, sea el anuncio de que la Democracia que conocemos, va camino a, o bien a su transformación, o a su desaparición. En cualquier rincón estamos observando esas pequeñas señales. En Europa, Asia y América, la democracia pasa por momentos de angustia y tensión. Aunque prefiero llamarles aprietos transitorios, para agregar un poco de optimismo.
Pero veamos, las razones por las que me refiero a esos manifiestos críticos del sistema democrático. Sin hablar sobre el escenario bélico, Europa se encuentra encerrada en un transe bastante delicado para los espacios democráticos conocidos. Siendo la cuna de ese sistema, vive tensiones y amenazas creíbles sobre una posible debacle. En Francia, España y Hungría (ya perdida), la democracia se encuentra en verdaderos aprietos. En el primero, se pudo escapar de las manos del populismo y el segundo, transita entre sus acostumbrados traspiés políticos y con la posibilidad de volver a un sistema estilo Francisco Franco. Es decir, mirar atrás luce mejor. La lista en Europa es mucho más y existe una gama de figuras que se encuentran al acecho, esperando el mejor momento para el abordaje, que estimamos será más temprano que tarde.
En Asia, sigue siendo China y Corea del Norte los países que se encuentran a la cabeza de países que se encuentran fuera del sistema democrático, sin descuidar a Filipinas, quien luego de transitar por un desequilibrio con un presidente como Rodrigo Duterte y su inusual estilo desequilibrado, también acaban de apuntar al pasado, al elegir al hijo de uno de los más famosos dictadores mundiales: Ferdinand Marcos. Bongbong (así se le conoce desde niño a Ferdinand Romualdez Marcos), logró más de 30 millones de votos, duplicando a su contrincante. Algo verdaderamente fuera de lo común y hasta increíble.
Y agrego increíble, porque Marcos, ha disfrutado de lo heredado de su padre las malas prácticas y una suma de dinero que incluye los 10 mil millones de dólares que ese robó a la nación. Pero voy a destacar las ofertas del nuevo presidente filipino, durante su campaña: pleno empleo, la inflación, que daría voz a quienes no la tiene y ofreció, además, que pensaría en imponer la pena de muerte para los presos por delitos graves y sin posibilidad de rehabilitarse.
En Filipinas, encontramos la misma radiografía que se ha localizado en otros países donde el populismo y la mentira han encontrado terreno fértil, y es que los votos obtenidos por Ferdinand Romualdez Marcos, la inmensa mayoría, se localizan en las áreas rurales, en los núcleos más pobres de ese país, mientras que los de su contrincante se focalizaron en los centros urbanos, es decir en las ciudades. Con estos datos, comenzamos a encontrar similitudes con otros lugares que, solo geográficamente, se encuentran alejados de ese país.
Y ya en América, la situación se pone un poco más crítica, ya que el número de países que se acercan a la posibilidad de desmantelar la democracia se encuentra en ascenso. Colombia, Ecuador, Guatemala y El Salvador, podrían ser los debutantes en la crisis del sistema. Mientras que se consolidan como lideres en la lista de la democracia desaparecida: Perú, Venezuela, Nicaragua y Cuba. Pero también, en una mirada hacia el norte, podríamos sumar a los Estados Unidos, con el riesgo latente del proyecto Trump y sus asociados visionarios de teorías conspirativas.
De Colombia, por ser la próxima, a penas días, la crisis se debate entre dos pasados, uno peor que el otro. Los sondeos señalan que la izquierda desconocida está en la punta del favoritismo (Claro, empujada por años de desahucio de una derecha caprichosa y errática) y treintenas de averiguaciones, con el paroxismo de haberse confesado admirador de Adolfo Hitler. Me refiero a Gustavo Petro y a Rodolfo Herrera, los posibles contrincantes para una segunda vuelta.
Sobre los estímulos que han originado un panorama como el que he comentado brevemente, todos han sido verificados por un grupo de organizaciones que se dedican al seguimiento de la democracia en el mundo. Factores como elecciones justas o la independencia de los poderes judiciales han contribuido, de forma acelerada, con su declive en la mayor parte de los continentes. Solo escazas excepciones hablan de un mínimo fortalecimiento en el sostenimiento del sistema democrático.
No obstante, más allá de las fallas que se producen desde el propio sistema, la situación de la corrupción y la falta de credibilidad de las personas, son los aceleradores absolutos de su decadencia en los últimos años. La corrupción, es el peor de los indicadores para evaluar positivamente a la democracia.
En este se vincula la trama que existe entre muchos de los aliados que intentan consolidar un sistema diferente o al menos se vinculan con una propuesta no liberal de la democracia. A través del oscuro manejo de fondos, se encuentran socavando la confianza en los procedimientos tradicionalmente democráticos. Con ello van sumando más frustraciones entre los ciudadanos y por supuesto mayores decepciones.
Pero hay unos colaboradores, con intenciones o no, que imprimen mayor presión en el acelerador de la tragedia de la democracia. Son estos los que han estado en el ejercicio del poder y no han mostrado ninguna capacidad para intervenir en las crisis sociales, económicas y políticas de sus países. Muy por el contrario, cuando lo han hecho, lucen más claros sus intereses personales en primer termino y no el trabajo transparente y organizado para atenderlas con la urgencia de los casos.
De allí que todo se esté moviendo hacia una democracia no liberal, más ajustadas a las figuras de caudillos y dictadores como Nicolas Maduro, Daniel Ortega y quien acaricia muy de cerca ese terreno; Najib Bukele. Ellos, que encarnan el autoritarismo, es el objetivo en la búsqueda de un equilibrio por parte de los ciudadanos.
Resulta muy sencillo ver y hablar del desplome de la democracia. Lo que no lo es tanto, es la capacidad para comprender hacia donde se está moviendo. Ya está claro que hay todo un movimiento que la arrastra hacia un nuevo modelo alternativo y que estamos conociendo como Democracia No Liberal. En lo particular, me apunto entre quienes se encuentran al margen de que en otros países ese nuevo modelo avance de manera indescifrable y con un rumbo desconocido, sustituyendo al viejo sistema, que ciertamente se encuentra en el mismo casillero de siempre. Por lo cual resulta urgente estremecerle para ajustarlo o eliminarlo, si fuera el caso.
Y ojalá que, en su resurgir o cambio, arribemos hacia una opción en donde abunde la libertad en todos los aspectos, justicia, la lucha contra la desigualdad, respeto a los Derechos Humanos y a la alternancia. Por lo pronto, la pregunta más interesante queda en el ambiente: Después de la democracia, ¿qué tenderemos?
Luis Ernesto Aparicio M. es Periodista Ex-Jefe de Prensa de la MUD
TalCual no se hace responsable por las opiniones emitidas por el autor de este artículo